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Día Mundial de la Celiaquia

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Frente al alto costo de los productos específicos, los gastroenterólogos instan a incorporar más verduras y frutas en la alimentación

Como cada año al llegar el Día de la Celiaquía, que se conmemora mañana en todo el mundo, el costo de los alimentos basados en harinas libres de gluten vuelve a convertirse en foco de discusión. Hasta tres veces más caros que sus variantes tradicionales, muchos argentinos con celiaquía sienten condicionada su dieta por esta realidad. Sin embargo tanto las organizaciones que los nuclean como los gastroenterólogos recomiendan no basar la alimentación exclusivamente en productos especiales, sino considerar también otras opciones no menos aptas para quienes padecen esta condición.

El cuadro intestinal crónico más frecuente en Argentina, la celiaquía -una intolerencia al gluten presente en los alimentos hechos en base a trigo, avena, cebada y centeno- registra una prevalencia cada vez mayor en nuestro país. Mientras que hace unas décadas afectaba a una de cada 140 personas, hoy se la detecta en una de cada 100, y resulta especialmente notable entre los niños, donde su incidencia ha llegado a ser de hasta 1 en 84 en la actualidad.

LA LEY Y LOS COSTOS

Frente a esta realidad, en 2009 el Congreso aprobó la Ley Nacional de Celiaquía, que obliga a las obras sociales a reconocer parte del costo de los alimentos hechos con harinas libres de gluten a quienes tienen esa condición. Si bien la norma constituyó un hito histórico al visibilizar a la celiaquía como un problema de gran parte de la población y multiplicar la disponibilidad de alimentos aptos en el mercado, también habría incidido en su costo.

“Cuando salió la ley, los que fabricaban harinas premezclas aumentaron los precios y hoy los productos que las contienen salen mucho más caro. Es lógico: ahora son harinas `terapéuticas`”, ironiza el gastroenterólogo Eduardo Cueto Rua, uno de los fundadores de la Asociación Celíaca Argentina, quien insta a los celíacos a no condicionar su dieta a estos productos específicos, ya que existen muchos otros alimentos que también pueden consumir sin comprometer su salud.

“Si uno pretende consumir panificados o pastas libres de gluten, la diferencia es mucha porque cuestan bastante más. Y esto es un problema principalmente para las personas con menos recursos, que suelen basar su dieta en hidratos de carbono”, señalan también desde la Asociación Celíaca Argentina, donde recomiendan limitar el consumo de productos específicos e incluir más frutas, verduras y carnes en la alimentación diaria por constituir una opción igualmente apta para los celíacos y sin un costo diferencial.

“Hace muchos años que soy celíaca y tengo un intestino tan sano como mis vecinos. Tampoco necesito alimentarme con harinas sin gluten. Hay un montón de otras cosas que los celíacos podemos comer”, afirma la médica gastroenteróloga Luciana Guzmán.

Miembro de una generación que creció casi sin productos aptos para celíacos en el mercado, Guzmán siente que “hoy nos quieren hacer creer que sin galletitas y fideos libres de gluten no podemos vivir. Eso ha llevado a que mucha gente esté convencida de que si no tiene plata o no le dan alimentos no puede hacer la dieta. ¿Cómo que no? Nadie se moría antes y todos podemos ser flacos porque aprendimos a comer saludablemente, sin harinas, ya tengan o no tengan TACC”.

 

El Día