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Malaria y dengue

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En los últimos años, las enfermedades transmitidas por mosquitos se convirtieron en una preocupación mundial y provocaron epidemias de graves consecuencias

Hace varios años que las enfermedades transmitidas por mosquitos (ETV) se convirtieron en una preocupación mundial que se extendió a nuevas áreas, causando epidemias con un gran impacto en la salud de las comunidades afectadas. Además, algunas infecciones emergentes presentan nuevos desafíos: la fiebre chikungunya por sus complicaciones articulares; la enfermedad por el virus del zika porque también se transmite a través de relaciones sexuales y puede dejar secuelas graves e incluso causar la muerte a fetos y recién nacidos de madres infectadas.

Se sabe que, a nivel global, más de 3.900 millones de personas en más de 140 países están en riesgo de contraer dengue y que la malaria causa 400 mil defunciones cada año, en especial en niños menores de cinco años, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Al mismo tiempo, los brotes de fiebre amarilla tuvieron tal magnitud que en muchas zonas del mundo la provisión de vacunas no fue suficiente, por lo que la OMS autorizó su aplicación de manera fraccionada. A esta situación se agrega el crecimiento de viajes internacionales, factor que contribuye en la dispersión y aumento de estas patologías.

Tanto la malaria como el dengue son enfermedades transmitidas por mosquitos de muy alta prevalencia. "A nivel mundial se reportan alrededor de 200 millones de casos por año de malaria y las muertes asociadas a esta enfermedad rondan los 400 mil pacientes", señaló en diálogo con Infobae el médico infectólogo Pablo Elmassian, de la División Medicina del Viajero de Stamboulian Servicios de Salud.

No obstante, a pesar de que se produjo una reducción de la incidencia de casos de hasta un 20% entre los años 2000 y 2015, de acuerdo al experto, desde entonces los esfuerzos por combatirla se encuentran en una etapa de estancamiento respecto a las metas de la OMS de reducir con mayor intensidad el impacto de esta enfermedad

"Esto se debe a múltiples factores. Entre ellos, hay menor aporte o financiamiento inferior a lo pactado para poder cumplir con todas las herramientas preventivas como el uso de insecticidas dentro de los domicilios, los mosquiteros impregnados con insecticidas para la gente que vive en áreas endémicas, el acceso al diagnóstico adecuado, sobre todo en África que es la región con mayor carga de enfermedad. Allí se estima que menos del 50% de los niños puede acceder a un diagnóstico y tratamiento adecuados, siendo esta la población más vulnerable, sobre todo los menores de 5 años", agregó.

La malaria, los mosquitos y los viajeros
Muchas de las regiones que se ven afectadas por la malaria constituyen destinos elegidos tanto por los mosquitos como por las personas en tráfico que, ya sea por placer o por trabajo, los visitan. Frente a estas situaciones, en la consulta pre viaje con un especialista en medicina del viajero, se evalúan las características del viajero, el destino al que va a visitar, el tipo de viaje, las actividades, el tipo de alojamiento y sus antecedentes personales.

Respecto a la malaria, Elmassian señaló que "favorablemente se puede ofrecer prevención a través del uso de repelentes y medicación por vía oral para aquellas personas que viajan a zonas con riesgo de exposición a esta enfermedad. No obstante, más allá de la prevención que tomen, como no tiene un 100% de eficacia, aquellos viajeros que regresan de zonas con transmisión y tienen fiebre, el primer diagnóstico para tener en mente y descartar es el de malaria a pesar de que hubiera tomado medicación preventiva".

Además advirtió que, si bien la incubación de la malaria suele ser de dos semanas a un mes, puede retrasarse y presentar las primeras manifestaciones mucho tiempo después. En este sentido, se recomienda que personas que hayan estado en zonas de transmisión y presenten fiebre alta -incluso tres a seis meses después de haber visitado estos destinos-, en especial si no presentan un cuadro clínico muy definido o que venga acompañado de tos, mocos o catarro, es importante que mencionen al médico el antecedente del viaje para que les indique el análisis de sangre.

Esta es una prueba muy sencilla conocida como "gota gruesa" que consiste en tomar una muestra de sangre a través de un pinchazo en el pulpejo del dedo, que se pone en un portaobjetos para que el microbiólogo pueda confirmar o descartar la presencia del parásito en los glóbulos rojos. "Si presenta la infección podemos confirmar de qué especie de malaria es y ofrecerle tratamiento porque se puede curar al paciente", completó el experto en medicina del viajero.

Hace varios años que tanto en la Argentina como en varios de los países de Latinoamérica se convive con el dengue y su incidencia suele oscilar siendo a veces mayor o menor. No obstante, en los últimos años, se está observando un aumento. Esta enfermedad "tiene un comportamiento con épocas de menor y mayor cantidad de casos. Estos valores oscilan cada dos o tres años y, ahora, estamos empezando un año en el que el número de casos viene en aumento", señaló Elmassian.

En 2019, luego de dos años con un descenso importante del número de personas afectadas por esta enfermedad, comienza a estar en aumento y se estima que el dengue ya afectó a 2 millones de personas en la región de las Américas. De esta cifra, un 1.300.000 corresponde a casos reportados en Brasil, pero también de países como Colombia y otras naciones de centroamérica están reportando un número creciente de casos.

"Al igual que con la malaria, las personas que decidan viajar a estas zonas donde hay una alta incidencia, deben tener en cuenta que se pueden exponer al dengue. Aunque no suele complicarse en la mayoría de los casos, ocasionalmente puede provocar hemorragia, shock y riesgo de vida", destacó el infectólogo.

Por este motivo, hay que estar atentos a vigilar la aparición de síntomas como cuadros febriles acompañados de dolor corporal intenso y considerar la posibilidad de esta enfermedad que, a través de análisis de sangre se puede descartar o confirmar.

De acuerdo al experto, existen determinados signos que permiten a los profesionales anticiparse a que el paciente que está cursando un cuadro de dengue haga una forma grave de la enfermedad. "Se trata de signos de alarma sobre los que el paciente puede ser instruido y estar atento, como los vómitos persistentes y un dolor abdominal en la región alta muy importante. A nivel del laboratorio, debe observarse el descenso de las plaquetas y el aumento del hematocrito".

"Lo que tiene el dengue, a diferencia de otras enfermedades infecciosas es que, cuando empieza a descender la fiebre, que en otras enfermedades es un signo claro de mejoría, es cuando pueden aparecer las complicaciones y hay que hacer el estudio de las plaquetas además de estar atentos a la aparición de los signos de alarma mencionados antes", destacó el experto.

Y para el cierre, dejó un mensaje a modo de generar conciencia: "El control de estas enfermedades como la malaria, el dengue y la fiebre amarilla depende mucho de la conducta individual. Más allá de lo que hagan los Estados y sus gobiernos, hay que tratar de evitar el desarrollo de los reservorios del mosquito, que es el transmisor, evitando el desarrollo de los criaderos que podamos tener en el ámbito domiciliario y peridomiciliario ya que todos los recipientes que puedan acumular agua favorecen la reproducción de este insecto. Entonces, el rol de la comunidad tiene que ser muy activo y no esperar la acción de los estados, vigilar y eliminar todos estos reservorios y, cuando se encuentran en lugares con transmisión vigilar la fiebre que puede ser un síntoma inicial de estas afecciones".

 

 

Infobae